Nací en Granada, crecí entre olivos, viví seis años en Berlín y volví porque echaba de menos las cosas pequeñas: el pan recién hecho, la luz de las cuatro de la tarde, las conversaciones sin reloj.
📍 Andalucía · 🍅 Mediterránea de cuna · 🥾 Caminante de pueblos
Durante años pensé que la salud era una cifra: pasos, calorías, horas de sueño. Hasta que un verano volví al pueblo de mi abuela y entendí que llevaba toda la vida equivocándome.
Mi abuela Carmen tenía ochenta y siete años, una huerta, dos gatos y una sonrisa que no le cabía en la cara. Desayunaba pan con tomate y aceite, comía con vecinos, dormía la siesta sin culpa y caminaba al atardecer hasta el cementerio para "saludar a los suyos". No contaba pasos. No medía nada. Vivía.
Aquel verano apunté todo lo que ella hacía: cómo elegía los tomates, por qué freía el ajo a fuego lento, qué hierbas ponía en cada infusión, a qué hora salía a caminar. Esa libreta —ya cuarteada y con manchas de aceite— es el origen de este blog.
Sol y Romero nació en 2022, cuando me di cuenta de que la sabiduría que aprendí de Carmen no estaba en ningún libro de nutrición moderno. Estaba en las plazas, en los mercados, en las cocinas pequeñas. Y merecía ser contada.
No soy nutricionista ni gurú. Soy alguien que pregunta, escucha y prueba. Escribo para la persona que está cansada de dietas, de aplicaciones, de promesas. Para quien sospecha —con razón— que la vida buena no se compra: se cocina, se camina y se comparte.
Si vives en Madrid, Manila o Minneapolis, este blog es para ti. La cultura mediterránea no es un código postal: es una forma de mirar el día.