En España, ir al mercado no es una compra: es una conversación. El frutero sabe qué tomate va para gazpacho y cuál para ensalada. La pescadera te cuenta de dónde viene la merluza. Y todo eso —que no aparece en ninguna etiqueta— es información valiosísima.
Si pasas por España, no te pierdas el Mercado de Triana en Sevilla, el Mercado de la Boqueria en Barcelona o el pequeño Mercado de San Agustín en Granada. No vas a comer turismo: vas a entender cómo se nutre un país entero.
Y si no puedes viajar, busca el tuyo. Toda ciudad tiene una plaza con buena gente detrás de un mostrador.